Espíritus andariegos
Las horas se alargan,
hermano de hermanos
y hermanas,
por tu memoria diamante,
candil eterno.
Sobre las llamas inmortales
arrastrando la historia que hoy arde,
se mezclarán los tuétanos Guaicaipuro,
los tuétanos Bolívar,
los tuétanos Zamora,
apilándose como una necesidad cósmica,
armonía precisa de los espíritus andariegos
y traviesos
y amanecidos
y cruzados
y felices
que se atrevieron a desafiar
al imperio de la muerte.
Todas lunas -plenas-
Escupieron veneno
desde que brotaste
del vientre llano altanero,
Hugo elemento.
Cavaron tu tumba,
Hugo canto.
Difamaron tu palabra,
Hugo rayo.
Quisieron destruir tu conexión,
Hugo milicia.
Apostaron a tu rendición,
Hugo pueblo.
Maldijeron tu estampa,
Hugo hermano
y no notaron que tu espíritu
estaba diseminado hace centurias
entre las hojarascas que habitan
todos los veranos
y todos los tiempos de lluvia,
todos los terraplenes
y todos los caminos,
todas lunas -plenas-
y todas las dimensiones,
no entendieron que la muerte
es inexistente para quien ya la ha vencido.
La Leyenda que viví
La copla de cabalgata ligera
invadió desde la entraña llanura,
hasta los cuarteles olivos
y los pulverizó.
Cuenta la leyenda
-esta misma-
que con dos palabras-
y en unos segundos-
hipnotizó a toda una nación,
enamoró a todas las hembras
que lo escucharon,
a las que sólo lo vieron,
endulzó a la niñez emergente
y todos los varones adultos
se apartaron a su paso;
lo llamaron Padre, los pueriles recién barbados,
lo llamaron Hijo, las mujeres paridas
bajo la sombra de los samanes y apamates,
lo nombraron hermano
profundo amante.
Te hicieron Comandante de mil batallas
te convertiste en el Cristo de los Pobres de Nuestraamérica,
cuando aquel octubre gris,
frente a San Francisco y su Cordonazo,
ofrendaste tu vida.
Eso cuenta la leyenda,
tu leyenda,
la leyenda que yo viví,
Hugo.
...te habías quedado,Arañero.
Esta integración terrena
de piel e idea,
esta amasada luz
que revolotea continental,
esta sandez en bloque
de barro y selva,
esta razón airada de fusil y Bolívar,
llevan ahora tus nombres,
Padre.
Una tarde dijeron
que habías regresado
-ni siquiera al tercer día-.
¡Qué extraño, Padre!
Te vi asomar la frente África,
tu nariz Yaruro,
tu estirpe guerrera,
desde el abierto pecho
de cientos de hombres
y mujeres,
de aves
y madrugadas,
de cuatros de febreros
y treces de abriles,
entonces,
escuché tu respuesta...
...te habías quedado,
Arañero.
Marzo azabache
Todo el reclamo de la historia
emergió aquella tarde:
el marzo azabache;
y fui con mi hueso
a ofrendar a no sé qué dios de sal
o de hollín,
las flores del camino
zurdo donde te encontré.
Para nombrarte abrí estas fauces
de pueblo
como un cunaguaro cuarzo en vigilia
y fue más que una voz,
fue el grito.
Hoy, estas manos
llevan una huella Chávez,
estas arterias
una sangre Chávez,
este pecho
un amor Chávez,
esta Patria
un relámpago Chávez,
un silencio sonriente Chávez,
una historia transformada Chávez.
(Re) Andante
Andariego espinito
coplero de retorno seguro,
en tu alma
fundida está la esencia de otros hombres,
otras mujeres,
otros tiempos,
de eterna batalla.
Inmisericorde tiempo
echado de bruces ante el cinco
imponente
de verano profundo,
ley cumplida para tu alma
(re) andante de sable,
puño y verbo,
sofocando las necedades
terrenas que los dioses
convierten en suerte colectiva.
Por ti nacieron los alientos
del fondo de esta tierra
y por ti serán siempre
libres las voces libertarias,
donde sembraste tu paso,
floreció lunática la vida
para la vida.
Crepitar
No te despido, Comandante,
porque no existe partida,
sólo flujos violetas
y septentrionales,
un lirio del verano oculto
en el vientre de donde una vez emergiste
para más temprano que tarde
levantar tu tallo nuevamente al sol.
No levanto mi palma, Camarada,
pues los adioses deben diluirse
a donde van a parar todas las aguas
,alzo mi puño
-izquierdo porque así lo restableciste-
para moler esta rabia y esparcirla
en compromiso ante el juramento
que contigo asumí.
Ayer vi caer la solitaria hoja del Samán de Güere,
pero detrás de ella millones brotaron
haciendo que el sol veranero de marzo
en su tarde no muriera.
Si estos vientos y sus sopores
hicieron crepitar las horas
-así lo sé-
es porque estás reiterando, Hermano,
que sólo has trascendido y ascendido,
te has liberado de tu carcasa de cueros y huesos
para consolidarte en lo que ya te habías convertido.
hermano de hermanos
y hermanas,
por tu memoria diamante,
candil eterno.
Sobre las llamas inmortales
arrastrando la historia que hoy arde,
se mezclarán los tuétanos Guaicaipuro,
los tuétanos Bolívar,
los tuétanos Zamora,
apilándose como una necesidad cósmica,
armonía precisa de los espíritus andariegos
y traviesos
y amanecidos
y cruzados
y felices
que se atrevieron a desafiar
al imperio de la muerte.
Todas lunas -plenas-
Escupieron veneno
desde que brotaste
del vientre llano altanero,
Hugo elemento.
Cavaron tu tumba,
Hugo canto.
Difamaron tu palabra,
Hugo rayo.
Quisieron destruir tu conexión,
Hugo milicia.
Apostaron a tu rendición,
Hugo pueblo.
Maldijeron tu estampa,
Hugo hermano
y no notaron que tu espíritu
estaba diseminado hace centurias
entre las hojarascas que habitan
todos los veranos
y todos los tiempos de lluvia,
todos los terraplenes
y todos los caminos,
todas lunas -plenas-
y todas las dimensiones,
no entendieron que la muerte
es inexistente para quien ya la ha vencido.
La Leyenda que viví
La copla de cabalgata ligera
invadió desde la entraña llanura,
hasta los cuarteles olivos
y los pulverizó.
Cuenta la leyenda
-esta misma-
que con dos palabras-
y en unos segundos-
hipnotizó a toda una nación,
enamoró a todas las hembras
que lo escucharon,
a las que sólo lo vieron,
endulzó a la niñez emergente
y todos los varones adultos
se apartaron a su paso;
lo llamaron Padre, los pueriles recién barbados,
lo llamaron Hijo, las mujeres paridas
bajo la sombra de los samanes y apamates,
lo nombraron hermano
profundo amante.
Te hicieron Comandante de mil batallas
te convertiste en el Cristo de los Pobres de Nuestraamérica,
cuando aquel octubre gris,
frente a San Francisco y su Cordonazo,
ofrendaste tu vida.
Eso cuenta la leyenda,
tu leyenda,
la leyenda que yo viví,
Hugo.
...te habías quedado,Arañero.
Esta integración terrena
de piel e idea,
esta amasada luz
que revolotea continental,
esta sandez en bloque
de barro y selva,
esta razón airada de fusil y Bolívar,
llevan ahora tus nombres,
Padre.
Una tarde dijeron
que habías regresado
-ni siquiera al tercer día-.
¡Qué extraño, Padre!
Te vi asomar la frente África,
tu nariz Yaruro,
tu estirpe guerrera,
desde el abierto pecho
de cientos de hombres
y mujeres,
de aves
y madrugadas,
de cuatros de febreros
y treces de abriles,
entonces,
escuché tu respuesta...
...te habías quedado,
Arañero.
Marzo azabache
Todo el reclamo de la historia
emergió aquella tarde:
el marzo azabache;
y fui con mi hueso
a ofrendar a no sé qué dios de sal
o de hollín,
las flores del camino
zurdo donde te encontré.
Para nombrarte abrí estas fauces
de pueblo
como un cunaguaro cuarzo en vigilia
y fue más que una voz,
fue el grito.
Hoy, estas manos
llevan una huella Chávez,
estas arterias
una sangre Chávez,
este pecho
un amor Chávez,
esta Patria
un relámpago Chávez,
un silencio sonriente Chávez,
una historia transformada Chávez.
(Re) Andante
Andariego espinito
coplero de retorno seguro,
en tu alma
fundida está la esencia de otros hombres,
otras mujeres,
otros tiempos,
de eterna batalla.
Inmisericorde tiempo
echado de bruces ante el cinco
imponente
de verano profundo,
ley cumplida para tu alma
(re) andante de sable,
puño y verbo,
sofocando las necedades
terrenas que los dioses
convierten en suerte colectiva.
Por ti nacieron los alientos
del fondo de esta tierra
y por ti serán siempre
libres las voces libertarias,
donde sembraste tu paso,
floreció lunática la vida
para la vida.
Crepitar
No te despido, Comandante,
porque no existe partida,
sólo flujos violetas
y septentrionales,
un lirio del verano oculto
en el vientre de donde una vez emergiste
para más temprano que tarde
levantar tu tallo nuevamente al sol.
No levanto mi palma, Camarada,
pues los adioses deben diluirse
a donde van a parar todas las aguas
,alzo mi puño
-izquierdo porque así lo restableciste-
para moler esta rabia y esparcirla
en compromiso ante el juramento
que contigo asumí.
Ayer vi caer la solitaria hoja del Samán de Güere,
pero detrás de ella millones brotaron
haciendo que el sol veranero de marzo
en su tarde no muriera.
Si estos vientos y sus sopores
hicieron crepitar las horas
-así lo sé-
es porque estás reiterando, Hermano,
que sólo has trascendido y ascendido,
te has liberado de tu carcasa de cueros y huesos
para consolidarte en lo que ya te habías convertido.
