Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

Buscar este blog

miércoles, 27 de octubre de 2010

Complot

Sin aire aquel mundo,
sin cuello aquel hombre,
para respirar
o
ahorcarse.

Fui un dios sin universo
y un fin deseado.

Entre Europa y el mar hubo un complot obligado.

¿Un mar sometido?

Capricho nuevo de algún dios emborrachado
de vino o coñac
que acabó al maíz ancestral.

Sin tierra,
sin semilla,
sin nombre
durmió mi Abyayala,
hasta que la centella hizo gemir al planeta
y surgió una mano siniestra,
una bota,
un sable
y un juramento Sacro.

¡Libertad arisca!
¡Voy por tu mano!

Se escurra la miel de este parto
y la hiel de los nuevos Judas
o los tantos Pedros.

Pacten las aguas,
las palabras.

Es la nueva hora…

lunes, 25 de octubre de 2010

Siniestro

Se aclaró la garganta la tarde y partió,
por el horizonte,
sembrado de chivos
y décimas.

Parturienta de cuatros y cumacos,
de negras bailadoras,
negros rezanderos
y litros de aguardiente.

Se anudó el jazmín
y la cuajada
al hombro
y sin montura arrió su bestia
de siete leguas.

Extendió la diestra mutilada
y apretó la siniestra al cabresto,
pues la izquierda siempre le tuvo más temple.

¡Potestad de los dioses
se descubrió en ese momento!

Ahora la tarde se aclara la garganta
y el pensamiento,
siempre siniestro hermano,
siempre siniestro hermana.

Jazz

¡Danza y mira!

Ritmo y cuerpo,
extensión.

Su piel brilla
como una serpiente en celo.

Y la lengua prueba el horizonte,
una caricia al viento,
al sexo,
al fuego
a la tierra que la sostiene.

Dos curvas,
valles,
canteras
y abismo confluyen en ella,
ella que danza y mira.

¿Y tú?
¿dónde estás de rodilla y húmeda?
¿Mojada y silente?
¿Brotando en jugos y trémula?
¿Eyaculando néctares
y vuelta brasas?

¡Yo sé dónde estás,
serpiente y mujer!

Sofía

¿Cómo entré en tu papiro?
¿Convertido en tinta
o en leche,
en cerámica
o en pluma?

Dentro del asfalto yacen miles de historias,
pero parte de la mía
posa en tus manos.

Anidadas las codornices
en la mesa tendida en blanco,
ya no trinan.

Ni las torcazas
ni siquiera las negras alas del arigüelo
desfilan lúcidas.

¿Aristócratas?

Aun,
fallecidas las coronas y los pétalos,
sigue mi manes y mis costillas en tu lápida.

¿Cuántas socorridas has dado a mis muertes reincidentes?

Ya no en mineral,
ya no en vegetal,
ni en cerdo,
ni en serpiente
Ahora iniciaré mi ciclo como un perro,
cercano y amarillo,
entregado y sensitivo,
Ya el resto de virtudes y debilidades
Caninas las llevo en mi cuero.

¿Cómo fui a tu papiro a hacerme Biblia,
Corán
o ley?

Lee mis poros,
Mis vellos púbicos,
Mis uñas y lunares,
Allí está mi profecia.

Busca en las líneas de este iris gastado
o bien,
en las grietas de mi frente africana
y ya,
sin interpretar
ni intérpretes,
entre este papiro a la Sofía está la verdad.

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos