Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 5 de agosto de 2010

Profesión de Ensueño

Bufo de las esquinas
sin remedio ni corbata
sin vergüenza y sin casaca
y su sombrero de colores y espinas.


Al cielo tus trastes van
no pareces payaso ni rapiña
ni artista sino humano,

monedas a tus manos regresan
sonriendo en serio se inclina
tú tronco con un mirar en vano.


Cantinflas, circo y Tintan
retuerces tu belfo apenas
mangles de cauchos sin venas
rodean tus pies de Tristan,
para ocultar tu desgano
a la sociedad que cercenas
para no ser esclavo ni decano.


¡Allí estas, Bufo de esquina!
Resuelto y de levita sucio
de colores tú diente, labio mustio
que el tarro de agua empina,
con recelo de quien te miente
con amor para quien lastima
quien osa temer sin frente
hacer a tu regalo de fuego
de maniobra azul y opima
sin juicio, ni dolo, ni ego.


Encendió el Bufo la antorcha
para quemar la amarga pena
como quien nueva cruz estrena
o añejo vino descorcha,
para morir de la ciudad ajeno
sinfonía mecánica que suena
en sus oídos, boca y en sueño.

Minutos


Cuarenta y cinco minutos te amé,
ahora sólo te odio,
por la espera,
por la duda,
por la ceguera,
el reuma,
o sólo por odio,
quizás.

¡Cada quién sea dueño de su ridiculez!

¡Déjame odiarte!
Como se odia a la sociedad,
a los semáforos,
a los fiscales,
a los claxon morbosos,
al monóxido
y a la tos.

Sólo fueron cuarenta y cinco minutos,
el resto para ser quién soy,
mostrar mis dientes,
mis cuernos,
uñas,
mugres
y mi sangre negra.

Deja que petrifique el amor
y reine este odio,
callejero,
de perro amarillo,
de sarnas de hormigón,
de interminables bestias...
...deja que impere este odio.

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos