sofocados de lágrimas
revolotean
el laberinto.
Se posan en mi espalda,
lagarto lunar
del tiempo.
En las dimensiones
subyacentes,
se eternizan los conjuros,
las cabalgatas de solsticios,
eclipses,
bigbanges.
En la
cola de un sortilegio postergado
nos elevamos
como una novedad presentida
que al final de
la noche,
en este apócrifo evangelio,
renace en el hondón
de una mirada.