Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 2 de agosto de 2012

Laberinto

          Los cocuyos
               sofocados de lágrimas  
                                   revolotean el laberinto.

                Se posan en mi espalda,
                                lagarto lunar del tiempo.

                  En las dimensiones subyacentes,
              se eternizan los conjuros,
           las cabalgatas de solsticios,
                                           eclipses,
                       bigbanges.

           En la cola de un sortilegio postergado
         nos elevamos
        como una novedad presentida
      que al final de la noche,
     en este apócrifo evangelio,
   renace en el hondón de una mirada.

domingo, 29 de julio de 2012

Celaje


Las barras nardos del fondo fluorescente
se consumen entre cabuyas
y cabellos,
tintineos trasnochados
asfixiados de ronquidos incipientes,
pacientes,
recientes.

Cernidos los arenales
y las raíces hundiéndose.

Coleópteros escapados
se esfuman entre sábanas
revolcadas de médanos
y brisas salinas.

Danza azul circula etérea,
eleva sus caderas
disipando el son
en la piel de la retama,
invocando la escena,
el nido,
el mordisco,
la morfina,
la hipnosis
del péndulo
de la noche.

Los ojos de tus alas,
las
       car
           ca
   ja
      das
de tu vuelo,
         aparición
y celaje,
todas las cigarras aún están bajo tierra,
sus cantos… en un día perenne.  

martes, 24 de julio de 2012

Infestación

Las ramas sacudieron sus borracheras insomnes al viento contaminado de gritos y nubarrones. Relámpagos de pieles abandonadas purificaron al amanecer y al llegar la tarde ya te tenía dentro de mis ojos.

domingo, 22 de julio de 2012

Al final de julio


El vértigo incesante invade planicies, cueros, azulejos y ni los bichos del pueblo prohibido pudieron librarse. Se enlunaron los días precisos, las calles y sus licántropos se evaporaron al paso de los vientos. Las semillas decidieron volar sobre las piedras del río seco, de tanto andar se abrieron los puentes y aún impedido de piernas y señales, llegué hasta ti, la cantera. Desde entonces el polvo abandonó mis poros y respiré.

domingo, 15 de julio de 2012

Ánforas


     Las hebras
             de sol
                   perforan
                             las alas,
                de quien se
          resquiebra
    y desciende
hasta las espinas
     sílices del creer.
             
            Se restaura el cenit de la boca
          y el rugir del aliento distante
       nos acerca…
     creo en ti,
   pluma blanca lana y puñal,
 bofetada nocturnal
      silente caricia;
    te veo,
      espiral
        que se evapora
           en las ánforas de mis hojas,
              crisis lila
                como pájaro que parte.
        
            Profeso tus trapos
        fuera de ellos
          el frío me acerca,
            tus condenas
              de sal
               y
                sudor
                 sean el perpetuo
                   socorro.

                    Delante de los agujeros
                 la sombra y al fondo,
              siempre al fondo,
           la lumbre que se acrisola
         y
       una brizna
     la convierte
   en el incendio
 de los siglos.

sábado, 7 de julio de 2012

Códice


Establecidos los huracanes sobre las testas, los chorros de nubes naranjas desataron sus leches y bordearon las galaxias del interior humano. Allí las ideologías se revelaron y no faltaste tú, ni la tuya. Esta Mesopotamia florece con las primeras lágrimas del mayo dulce y hasta los mangos se multiplican. A falta de Cristo, Quetzacoátl abriendo la senda, Oshun protegiendo la sangre… la luna se hizo carne y entre sus piernas quiere surgir en luz.

jueves, 5 de julio de 2012

Naranjos


Tras los horizontes montes salpicados de noches agredidas; incendios sofocados dejaron el rastro del que murió. La serpiente de luz que recorre el techado, recuerdo y aliento arranca de las paredes, viejo lar matriarcal que retorna. Hay un padre que está muriendo de sed y mandolinas, anudado bordón y agujas, mudo grillo de la noche, en naranjos y chatarras.

La saliva espesa quebradas piel la historia. Hay un padre que nace, recién envejecido de calva y calvario. Pasa la cuesta, ya adentro, siéntate. Hay un padre que muere en su cuero, mientras tanto, sigue hurgando, te doy licencia.

domingo, 1 de julio de 2012

Código


Los gatos pardos salieron al inicio de la madrugada, abrieron las ollas y los calderos del ártico de arenas y mayos. Miraron la luna ausente, olieron la brisa detenida de tabaco y Orishas embriagados. En las vigas del cují solitario están pendidas las lunas de arcilla y los muñecos de cocuiza, alzando el puño izquierdo, debatiendo, exigiendo. Estruendo hacen reír a la noche distraída, el abanico engañado de alcohol y nicotina se desvanece para dar rienda certera a esta historia. Sin ser somos, eso lo define todo.

Agujas incesantes tintinean, hacen coros con la tierra y todos los olores se desprenden mariposas y arrendajos de nubes grises trinos metales y plumas.

viernes, 1 de junio de 2012

Vientre y sepulcro


Desdoblado en pájaros nocturnos
     revierto la madrugada encuerada
          sobre los hombros de la pacha,
               vientre y sepulcro.

                    Retorno a mi antiguo pellejo
              envenenado de alquitrán y caña,
               cementerios y rayuelas,
              claves y fugas,
             silencios y percusiones
            evocando potestades
           invocando la porción que me falta.

         Los ruidos distantes.

       El templo olvidado
     y la garra ovípara
   largan la cola
  y el cabresto sostenido en otros planos,
 los de allá abren la entrada,
los de abajo, sentencian su veredicto,
          los de en medio,
         cogen tu mano
–o la mía- 
   para escribir en las rayas
                                  huellas
                                   y uñas,
                             el secreto.

domingo, 13 de mayo de 2012

Últimas hojarascas


 
                               Me apuñalo y redimo,
                                 me escurro y yazgo.

                            La madrugada silenciosa
                                     me hace coro
                                         y golpea mi nuca,
                                             para sedarme
y por fin tratar de morir.

                                                El talón izquierdo
                                                  ya no reconoce a Aquiles,
                                                    prefiere hablarme,
                                                        reiterarme las nubes
              que se ciernen sobre mi testa.

                                   Mientras los ríos de mi pueblo
                                               siguen secándose
(a pesar de las lluvias de este mayo mío)
hundirme en mis propios huesos
no significa más que un tal vez,
        quizás,
                 pudiera ser,
                          probablemente.

Probablemente la puta madrugada
    me dé cenizas,
   ron
                                        o cicuta,
                         para que mi lengua termine
    trabada
                     y las colillas de ausencias fumadas
                 acaricien el suelo.

            Suelo despegar las piedras
      y los escritos sobre ellas
ya no serán designios mal habidos,
     pétreas alas
                                o repentinos ecos.

                                  Las velas están por sellar las últimas hojarascas,
               los vientos decididos a dejar los roces,
                                        pero Tú,
                                           no dejes de creer que la noche,
                                                 la madrugada,
                                                    el día y la tarde,
te pertenecen.




Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos