Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 2 de agosto de 2012

Laberinto

          Los cocuyos
               sofocados de lágrimas  
                                   revolotean el laberinto.

                Se posan en mi espalda,
                                lagarto lunar del tiempo.

                  En las dimensiones subyacentes,
              se eternizan los conjuros,
           las cabalgatas de solsticios,
                                           eclipses,
                       bigbanges.

           En la cola de un sortilegio postergado
         nos elevamos
        como una novedad presentida
      que al final de la noche,
     en este apócrifo evangelio,
   renace en el hondón de una mirada.

1 comentario:

Milagros dijo...

Darse un paseo por acá siempre es trasladarse a otros mundos... es recibir un impulso que hace que la imaginación vuele y se acople a cada expresión que utilizas en tus hermosos poemas. Lástima que no hayas vuelto a publicar mas nada.
Milagros.

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos