Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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viernes, 4 de abril de 2008

Siento que no hay retorno ni estación que esperar


Diafanando Umbrías.

Por la senda libres luces jugando
Con nuestros ojos estaban felices,
Formaban con nuestras almas matices
Más dulces y ácidos. Glorificando

Estaba, por la que helar y arder ando,
A la vida, y argentosa me dices
Y haces libre como la luz. Raíces
Tendré de tu pasión eterna, cuando

Mañana vuelvas a inducirme reo
De la libertad del soñar contigo
Con la claridad leve del deseo

Que al igual que febo es mi gualdo amigo
Diafanando umbrías, creyendo veo
Que te ha hacho mi viva y real testigo.
A. L


Momentos de la vida.

Horas de silencio largo y fragoso
Minutos de pena eterna que acaba
Adentro de la herida, transparente
De una entraña, de ocultar imposible.

Este silencio no interrumpas nunca
Con interrogantes del mundo inepto
Que lastima, claramente revives
Todos los sentimientos de la culpa.

Hay de dolor y de inocencia algo mas
Y pudor de la vida en los momentos
Que con lucha retirar no se logran.

Horas de minutos, silencio y pena:
Momentos son de simple largo existir
De percances que a levantarse llama.
A. L.


Deseo

Fuego incandescente del deseo
Si arriba a tu ingenua puerta trátalo
Con sosiego, paciente. Con lealtad
Saber te hará si anda de paso raudo

O tu licor será de miel diáfano
-el precavido limitado bebe
sin su corazón embriagar y su alma,
se hace no de él un esclavo perdido

Ante el látigo y su placer, que ledo,
Embalsama al cuerpo después de haberlo
Azotado en su vuelo de gloria,

Siente con el pecho más no descuida
Su mente en el placer de ese viaje
Que tendrá la infinita eternidad.
A. L.


Comienzo

Dos almas, un fuego en el suelo
Una mirada viajaba en el viento
Mía; gritaba en solo sentimiento
A los montes con astros de cielo.

Ente mis manos tuyo claro pelo
Al ebúrneo invitome opino adviento
Que enervó todo el arrepentimiento
Que jamás mostró su sayal por velo.

Revelaron tus ojos la ternura
Que destose en la paz de ese ocaso
Y ausente la luna fue menos pura

Que tus extremidades y tu poso
Aumentó anhelada nuestra locura
De este néctar amar en propio vaso.
A. L


Dentro del vacío

I
Y dentro de la muerte pude ver
Miles de almas que danzaban buscando
Cada quien a su dios mientras llorando
Viome Dios feliz de este fenecer,

Y a Satanás de hálito obscurecer
Vi, al orbe clamar vivir, acabando
La misma gloria del sufrir probando
Con ansias de un ebúrneo atardecer,

Y en los Avernos fui el frió calor
Que despide la amargura y la pena
Sentí humo negro y azul de sudor

Y lozano el alcohol por la vena
De mi testa hízome oler el pudor
Donde Dios soy y Satán y una pena.

II

En la entraña de ella maravilloso
Manifestase el hado conocido
No; de lo no visto, lo no sabido
E infausta frescura de lo borroso

Brindaba con la umbría lo jocoso
Del premio universal y merecido
Fiel que está al final del amanecido
Túnel: frígido tiempo tormentos.

En sus vísceras en do amarillentos
Bogan los espíritus, sal de suerte
Que todavía existen, aunque lentos,

En la inmensidad de la Diva muerte
Que otrora llevará a menos argentos
Los brillos de antaña vida más fuerte.
A. L


Nazco eterno.

Encarnado viome, en su faz bronceada,
Sobre su palma, dentro de su huella
La luz de Cloris, quien vencida sella
Como la última Ninfa, arte y mirada.

Luce justa paz de guerra ganada
Claro su cuerpo mío, más destella
Mi cuero sucio y en su piel bella
Nazco eterno, mi Calíope amada.

Conmovida, enamorada la Parca
De mi obra en ti, Flérida de mi paso
Le prepara el tejido sin la marca

De la pena, ni quejido del fracaso
Le pertenece el diluvio y el arca,
Canción del alba, madurez del ocaso.
A. L


Claudia.

Las libreas de la fantasía haces
Con tu cerviz sensible como brisa,
Que anonada al andaluz y avisa
A Góngora que en Blanca Aurora naces.

Beldad, Claudia desposada no pases
Por su testigo frente a Dios en misa,
Su demencia no quiere pero pisa
Ambiguos puentes con agudas bases.

Tus glorias por las que helar y arder canta
Llevan al andaluz hipnotizado
Que junto Febo y Céfiro levanta

Su faz, rogando el ósculo dorado
En lugar de la bendición que espanta
A Cloto que le acerca lo anhelado.
A. L
A. L

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos