Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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domingo, 6 de febrero de 2011

Preámbulo


                 El viejo tomó sus canas
                    - lo único propio-
               las mujeres
         y la perra prestada
      -también-
    y sin devolver una palabra,
  ni siquiera un suspiro,
 alargó sus zancadas de fango y opera.

Miró la patria chica
  y el catre
   y ya sin miedo
    ni flatulencias siquiera,
     se desterró de arrugas y juanetes,
      brincó la línea
       y se esfumó.

        Las canas se transformaron
                    (en cuernos)
              y las mujeres sonrieron
               en otros puentes,
                 las fuentes rompieron
                  en otras copas
                y violaron las leyes del aren,
               ni la perra evitó entregar su ardor
              en la calle del frente.

            Cuando miró el ocaso
           detrás del cortinero,
          donde el más allá
         no es otro cuadrante sino el ventanal,
        colgó los hábitos
      y comenzó a vivir. 

    Ése, 
  es otro cuento.
02/02/2011.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos