Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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viernes, 1 de junio de 2012

Vientre y sepulcro


Desdoblado en pájaros nocturnos
     revierto la madrugada encuerada
          sobre los hombros de la pacha,
               vientre y sepulcro.

                    Retorno a mi antiguo pellejo
              envenenado de alquitrán y caña,
               cementerios y rayuelas,
              claves y fugas,
             silencios y percusiones
            evocando potestades
           invocando la porción que me falta.

         Los ruidos distantes.

       El templo olvidado
     y la garra ovípara
   largan la cola
  y el cabresto sostenido en otros planos,
 los de allá abren la entrada,
los de abajo, sentencian su veredicto,
          los de en medio,
         cogen tu mano
–o la mía- 
   para escribir en las rayas
                                  huellas
                                   y uñas,
                             el secreto.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Leerte siempre es una invitación a dar un paseo por mundos diferentes, fantásticos y llenos de luz...

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos