Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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domingo, 1 de julio de 2012

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Los gatos pardos salieron al inicio de la madrugada, abrieron las ollas y los calderos del ártico de arenas y mayos. Miraron la luna ausente, olieron la brisa detenida de tabaco y Orishas embriagados. En las vigas del cují solitario están pendidas las lunas de arcilla y los muñecos de cocuiza, alzando el puño izquierdo, debatiendo, exigiendo. Estruendo hacen reír a la noche distraída, el abanico engañado de alcohol y nicotina se desvanece para dar rienda certera a esta historia. Sin ser somos, eso lo define todo.

Agujas incesantes tintinean, hacen coros con la tierra y todos los olores se desprenden mariposas y arrendajos de nubes grises trinos metales y plumas.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos