Los gatos pardos salieron al inicio de la madrugada,
abrieron las ollas y los calderos del ártico de arenas y mayos. Miraron la luna
ausente, olieron la brisa detenida de tabaco y Orishas embriagados. En las
vigas del cují solitario están pendidas las lunas de arcilla y los muñecos de
cocuiza, alzando el puño izquierdo, debatiendo, exigiendo. Estruendo hacen reír
a la noche distraída, el abanico engañado de alcohol y nicotina se desvanece
para dar rienda certera a esta historia. Sin ser somos, eso lo define todo.
Agujas incesantes tintinean, hacen coros con la tierra y
todos los olores se desprenden mariposas y arrendajos de nubes grises trinos
metales y plumas.
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