Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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domingo, 29 de julio de 2012

Celaje


Las barras nardos del fondo fluorescente
se consumen entre cabuyas
y cabellos,
tintineos trasnochados
asfixiados de ronquidos incipientes,
pacientes,
recientes.

Cernidos los arenales
y las raíces hundiéndose.

Coleópteros escapados
se esfuman entre sábanas
revolcadas de médanos
y brisas salinas.

Danza azul circula etérea,
eleva sus caderas
disipando el son
en la piel de la retama,
invocando la escena,
el nido,
el mordisco,
la morfina,
la hipnosis
del péndulo
de la noche.

Los ojos de tus alas,
las
       car
           ca
   ja
      das
de tu vuelo,
         aparición
y celaje,
todas las cigarras aún están bajo tierra,
sus cantos… en un día perenne.  

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Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos