Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

Buscar este blog

miércoles, 9 de abril de 2008


Todo esto.

Es la voz de mi alma
Porque aquella tarde
Entendí que comenzaba todo,
Comprendí tu mirada nerviosa
Y al frío que se hospedaba
En tus ojos,
En tus manos;
Dibujé tu iglesia,
Abracé mi pecado,
Te mostré mi contento,
Acogí tu desespero.

Enmudecí al fragor de mi pecho
Porque aquella tarde
Entendí el entusiasmo de la brisa,
Comprendí el disimulo de su silbido
Y al frío que despedía Febo
En mi sombra,
En mi cuerpo;
Amé tus lágrimas,
Me regocijé en tu amor,
Te pedí sosiego,
Quebranté mi asedio.

Es mi garganta que te canta
Porque por aquella tarde
Soy yo quien te susurra
Ahora que me recuerdas,
Son mis manos que te otean,
Que te desean,
Te ensalzan;
Grabé tu aroma en mis uñas,
Aborrecí mi nostalgia,
Brindé con el horizonte
Por alguna bienaventuranza.

Es mi palpitar que te busca,
Porque aquella tarde
Aposté a tu felicidad,
Comprobé a contraluz
La veracidad de tu fantasía,
Te entregué lo que soy
Te pedí silencio…
…me sacié de tu venustez
Desnudé tu espíritu luctuoso,
Te consagré golondrina a la unión
En aras de un don perfecto y sin linderos.

No hay comentarios:

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos