Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 25 de octubre de 2010

Siniestro

Se aclaró la garganta la tarde y partió,
por el horizonte,
sembrado de chivos
y décimas.

Parturienta de cuatros y cumacos,
de negras bailadoras,
negros rezanderos
y litros de aguardiente.

Se anudó el jazmín
y la cuajada
al hombro
y sin montura arrió su bestia
de siete leguas.

Extendió la diestra mutilada
y apretó la siniestra al cabresto,
pues la izquierda siempre le tuvo más temple.

¡Potestad de los dioses
se descubrió en ese momento!

Ahora la tarde se aclara la garganta
y el pensamiento,
siempre siniestro hermano,
siempre siniestro hermana.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos