Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 25 de octubre de 2010

Jazz

¡Danza y mira!

Ritmo y cuerpo,
extensión.

Su piel brilla
como una serpiente en celo.

Y la lengua prueba el horizonte,
una caricia al viento,
al sexo,
al fuego
a la tierra que la sostiene.

Dos curvas,
valles,
canteras
y abismo confluyen en ella,
ella que danza y mira.

¿Y tú?
¿dónde estás de rodilla y húmeda?
¿Mojada y silente?
¿Brotando en jugos y trémula?
¿Eyaculando néctares
y vuelta brasas?

¡Yo sé dónde estás,
serpiente y mujer!

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos