I
Bajando por el espacio distintivo del tiempo corroído,
Viene de prisa un haz de luz
Señalando la llegada de un único vagón…
…en él, un tumulto desconocido
Trae consigo un azar de vidas
O una premeditada muerte,
¿Cuál es tu estación?
II
Furtiva pero no desconocida,
Como una hilacha de donde pende la roca,
Así se disfraza la vida,
O es que ¿acaso son una ella y la muerte?
Atiende llamados, gritos o pensamientos,
Se distrae con el pagano y prefiere los cristos,
Aguarda como el riachuelo,
Quien consume los rocíos nacientes y nocturnos
Y al fin, retoma su cauce serenamente eviterno.
III
Una Sodoma de voces, ruidos y silencios,
Gemidos quizás, o alaridos alarmantes.
Nada te define y todos te reconocen.
Los que te subestiman dicen ignorarte
O hacerte parte de la vida,
¿Acaso eres una con ella?
Quienes te magnifican te evitan,
Sólo aquellos, los que te fomentan
Son tan parecidos a ti, son parte de ti.
IV
Amada: ¿por qué te hablo?
Te quiero retirada y no dejo de pensarte.
Tu silencio evoca rezos,
Tu llegada es digna del peor de los licores
Y aún así, brindamos por tu arribo.
Tu presencia me ahoga, Amada,
Impera tu temeridad y con todo tu prontuario
Mis lágrimas llevas, mi clamor persiste.
V
Tus mamas exprimidas bañan,
Acarician las bocas de tantos hambrientos,
Desapareces de sus estómagos y de sus almas
El dolor engendrado por las aberraciones de la vida.
¿Eres tan pervertida?
O ¿eres una santa?
Quien alimenta y sana es digno de halagos,
Pero a ti, Amada, todos te maldicen,
Nadie te llama para que cures con tu leche
El pesar que le aqueja…
…¿Dónde has estado?
VI
No quiero tus besos y sin embargo
¿Por qué te canto?
Tus labios rozan a muchos de mi pueblo
Y tu condición sexual es inobjetable.
Paseas solitaria en noches concurridas
Esperando quien te invite una copa tinta.
No eres mía, no te quiero mía y aún así
¿Por qué arrebatas mis palabras?
¡Hermosa Amada, eres…! estás…!
Acariciaste al mundo y son millones
(O debería decir innumerables)
Los que han dejado de sufrir al sentir
Tus besos y quedarse prendados de ellos.
VII
A tu justa llegada todos vociferan lamentos,
Blasfeman y maldicen a los cielos,
Al tiempo, claman piedad y bendiciones
Y al fin, cuando partes con tus maletas,
Te despiden entre pétalos, cantos y llantos,
Como si estuvieran reafirmando que tú, Amada,
Eres siempre bienvenida.
¿Cuál es tu secreto?
¿Quién es tu diseñador?
Sólo sé que te vas con el mismo silencio,
Con la inmutable premura con la que llegaste,
Dejando escrito en cualquier espacio sin tiempo
Que muy pronto volverás a lucir tu encanto.
VIII
Acá estás, entre los que acuden a verte.
Vestida de paredes coloniales
Guardas sendos carretes de sollozos y preguntas.
¿No te has ido?
Continúas tu ruta y en tu vagón llevas el formulario
Donde están inscritos los nuevos pasajeros,
Aquellos que recogerás en tu rauda visita
¿Quién te ha invitado peuma Amada?
¿O acaso la tarjeta te la confeccionas a si misma?
¿Cómo escoges a tus tripulantes?
Eres energía convertida en carroza,
Enamoras como fuerza y trasladas como carreta.
IX
Estás silbando a mi oído, siseando.
Tu siseo es grave en ocasiones,
En otras, cuando chiflas,
Tu garganta ronronea y eclipsas toda paz.
¿Cómo haces sigilosa para marcar en el silencio tu paso firme?
Volviste…y se repite la odisea.
Cuando te llevas al marido,
La esposa escudriñando consuelo sólo proclama:
-¿entonces gordo, qué pasó? Bueno…no más palabras.
¿Acaso no te avergüenza dejar sola a esa mujer?
¿Quien sabe cómo viniste a parar a este universo?
Te has empeñado como un infante malcriado
En llevarte lo que se te antoja…
…deberían castigarte.
Ahí estás nuevamente mirándome,
Desnudando a todos aquellos,
Esos, a quienes has despojado de lo más preciado.
X
¿Cómo andan tus relaciones con la vida?
¿Andas divorciada?
¿O es tu pelea con ella
Una manera de exigirle atención?
XI
¿Quién iba a pensarlo?
Vuelve la esposa (ahora madre),
A dirigir su voz al marido ausente.
XII
¿Por qué lo enamoraste?
¿Cuánto tiempo estuviste tras los pasos del marido ajeno?
Sabes, eres tan veloz en tu táctica de camelar
Que bastan sólo unos segundos para llevarte
A quien deslumbras con tu exotismo.
¡Debes estar sonriente!
¿Quién lo sabe?
Sé que algún día me sorprenderás,
Susurrarás a mi oído y será entonces cuando te veré.
Me dirás tus secretos
Y estaré desnudo de alma, de razón, de espíritu…
…seré quien soy…
…por ahora, déjame seguir mi canción, tu canción.
XIII
Cae la tarde y esta senda tan larga
Conduce al origen, al génesis.
El cenit profundo está plagado de zamuros,
Aves que cuentan con tu misma belleza obscura.
Montañas inmóviles llevan en sus hombros
Restos de desechos humanos,
Y tú, enmudeces una vez más,
Brincando de un lado al otro del sendero.
¿Qué pretendes esta noche?
¿Tu valet será en el gran salón?
¿Quién es tu invitado de honor?
¡No me atisbes de esa forma!
Ya sabes quien soy: uno tan vulnerable como cualquier incauto.
XIV
Ya Apolo prepara su catre.
Está cansado de verte haciendo y deshaciendo.
Conoce tu belleza y nunca ha caído ante tu soberbia.
Él, también presume,
Confiado que si partiera, tú, reinarías por siempre jamás.
XV
¡Ay Amada, tu sonrisa aborrezco
Y aún así te llevo clavada en mi testa,
En mis manos, en mis huellas!
¿Cómo te despido?
¿Cómo te aparto?
Seguirás detrás de mi silueta,
Seduciendo mis ojos y al fin convenciéndome.
¡Eres bienvenida!
Por ahora, déjame continuar cantando tus locuras,
Descubriendo tu ignota apariencia,
Tu misteriosa alegría.
XVI
¿Crees en Jesús, en el Mesías?
También lo camelaste y Él rompió tu luz,
Sonrió ante tu cariz.
Según los libros, fue el único quien te abandonó
Para volver con su verdadera Amada: Magdalena.
Resuenas tus campanitas
Y tu silencio habla o se distingue en ese tintinear.
Y aquel, el Único, te entendió y asumió su partida,
Pues sabía que se asía de la voluntad de regresar con su esposa.
¿Lo puedes recordar?
¿O tu historia es otra?
No me lo digas, guarda tu secreto para el final.
Nos sentaremos en el balcón que no poseo
Y allí platicaremos.
Me hablarás del Mesías, comentaré de mis amores;
Pedirás agua, quizás café y yo te brindaré un poco de vino,
Será el último y tal vez me acostumbre a ti…
…en este momento, sólo déjame cantarte, Amada.
XVII
¿Cuál es tu hora preferida?
¿Quizás a las cuatro menos diez de la mañana
Cuando aún no palpas el beso a Apolo?
¿O es esa una de las tantas horas en la que llegas?
¿Por qué no saliste de la ciudad?
¿Cómo es que puedes apoderarte de cada espacio?
Allí vas de nuevo, sin remordimientos, ni sofocos,
Justa y precisa…certera y más hermosa que nunca.
XVIII
Un plañidero coro desafinado de gritos y llantos
Son los encargados de loar tu entrada triunfal.
¡Ganaste una vez más!
¿Lo haces por tu ego?
¿O es para mantenerte joven?
En las ruas de mi pueblo dejas más de un embelesado.
Unos son llevados al son de Aguilar,
Otros con el patético acordeón caleño
Y todos compartiendo un destino común.
¡Qué despreciable te tornas!
Sin saber yo que tu mirada estará en este momento
Acariciando mi cuero curtido.
¡Alabanzas disfrazadas de maldiciones!
No saben ellos que cada reproche
Es un halago a tus manos, a tus mamas, a tu mirada,
Y a cada grito tu luz se hace más intensa.
Ya no te escondas, hoy envolverás a otro incauto
Y lo pasearás por tu vientre sin retorno.
A mí, peuma damisela,
Déjame hincar mis dedos en mi hembra,
Mis labios en mis retoños y mi canto en ti.
XIX
Decidiste cambiar todos los planes.
La visita laboral la cambiaste por un viaje,
Por una caminata al jardín de los crisantemos
De este pueblo entristecido.
Vuelve la esposa a cantar su desespero:
_¡No era su cita contigo y tú, abusadora,
Cambiaste la dirección a la tarjeta de invitación
Que fue entregada en las manos del marido!_
¿Por qué lo haces?
Otra vez dejas a una mujer sin su amor, sin su mitad.
Allí vas, reiterando tu carcajada,
Con tu estirpe de modelo, con tus labios carmesí.
Desplazas tus caderas anunciando con tu aroma a nardos,
Que tu beldad está por vislumbrar a otros.
XX
En la lejanía penumbrosa escucho el redoble de las campanas
Y mi corazón dispara en este silencio
Un alarido de miedo y dolor.
Yo estuve allí, justo cuando se despedía el esposo,
Vestido de casaca y anunciando su irrenunciable partida.
El susurro del viento sureño se acopla y armoniza
Al ritmo de las campanas sanjuaneras,
Indicando que el vagón del marido escogido por ti,
Longeva madame, ya está por partir.
¿Por qué no esperaste?
¿Quién es tu mentor?
A las dos menos un cuarto volverás a elevar tu campanear
Diseminándose en el hondón de esta tierra,
Y te iras con el nuevo pasajero:
El esposo, el hijo, el nieto, el hombre, el amor de esa mujer.
12-07-2007
Bajando por el espacio distintivo del tiempo corroído,
Viene de prisa un haz de luz
Señalando la llegada de un único vagón…
…en él, un tumulto desconocido
Trae consigo un azar de vidas
O una premeditada muerte,
¿Cuál es tu estación?
II
Furtiva pero no desconocida,
Como una hilacha de donde pende la roca,
Así se disfraza la vida,
O es que ¿acaso son una ella y la muerte?
Atiende llamados, gritos o pensamientos,
Se distrae con el pagano y prefiere los cristos,
Aguarda como el riachuelo,
Quien consume los rocíos nacientes y nocturnos
Y al fin, retoma su cauce serenamente eviterno.
III
Una Sodoma de voces, ruidos y silencios,
Gemidos quizás, o alaridos alarmantes.
Nada te define y todos te reconocen.
Los que te subestiman dicen ignorarte
O hacerte parte de la vida,
¿Acaso eres una con ella?
Quienes te magnifican te evitan,
Sólo aquellos, los que te fomentan
Son tan parecidos a ti, son parte de ti.
IV
Amada: ¿por qué te hablo?
Te quiero retirada y no dejo de pensarte.
Tu silencio evoca rezos,
Tu llegada es digna del peor de los licores
Y aún así, brindamos por tu arribo.
Tu presencia me ahoga, Amada,
Impera tu temeridad y con todo tu prontuario
Mis lágrimas llevas, mi clamor persiste.
V
Tus mamas exprimidas bañan,
Acarician las bocas de tantos hambrientos,
Desapareces de sus estómagos y de sus almas
El dolor engendrado por las aberraciones de la vida.
¿Eres tan pervertida?
O ¿eres una santa?
Quien alimenta y sana es digno de halagos,
Pero a ti, Amada, todos te maldicen,
Nadie te llama para que cures con tu leche
El pesar que le aqueja…
…¿Dónde has estado?
VI
No quiero tus besos y sin embargo
¿Por qué te canto?
Tus labios rozan a muchos de mi pueblo
Y tu condición sexual es inobjetable.
Paseas solitaria en noches concurridas
Esperando quien te invite una copa tinta.
No eres mía, no te quiero mía y aún así
¿Por qué arrebatas mis palabras?
¡Hermosa Amada, eres…! estás…!
Acariciaste al mundo y son millones
(O debería decir innumerables)
Los que han dejado de sufrir al sentir
Tus besos y quedarse prendados de ellos.
VII
A tu justa llegada todos vociferan lamentos,
Blasfeman y maldicen a los cielos,
Al tiempo, claman piedad y bendiciones
Y al fin, cuando partes con tus maletas,
Te despiden entre pétalos, cantos y llantos,
Como si estuvieran reafirmando que tú, Amada,
Eres siempre bienvenida.
¿Cuál es tu secreto?
¿Quién es tu diseñador?
Sólo sé que te vas con el mismo silencio,
Con la inmutable premura con la que llegaste,
Dejando escrito en cualquier espacio sin tiempo
Que muy pronto volverás a lucir tu encanto.
VIII
Acá estás, entre los que acuden a verte.
Vestida de paredes coloniales
Guardas sendos carretes de sollozos y preguntas.
¿No te has ido?
Continúas tu ruta y en tu vagón llevas el formulario
Donde están inscritos los nuevos pasajeros,
Aquellos que recogerás en tu rauda visita
¿Quién te ha invitado peuma Amada?
¿O acaso la tarjeta te la confeccionas a si misma?
¿Cómo escoges a tus tripulantes?
Eres energía convertida en carroza,
Enamoras como fuerza y trasladas como carreta.
IX
Estás silbando a mi oído, siseando.
Tu siseo es grave en ocasiones,
En otras, cuando chiflas,
Tu garganta ronronea y eclipsas toda paz.
¿Cómo haces sigilosa para marcar en el silencio tu paso firme?
Volviste…y se repite la odisea.
Cuando te llevas al marido,
La esposa escudriñando consuelo sólo proclama:
-¿entonces gordo, qué pasó? Bueno…no más palabras.
¿Acaso no te avergüenza dejar sola a esa mujer?
¿Quien sabe cómo viniste a parar a este universo?
Te has empeñado como un infante malcriado
En llevarte lo que se te antoja…
…deberían castigarte.
Ahí estás nuevamente mirándome,
Desnudando a todos aquellos,
Esos, a quienes has despojado de lo más preciado.
X
¿Cómo andan tus relaciones con la vida?
¿Andas divorciada?
¿O es tu pelea con ella
Una manera de exigirle atención?
XI
¿Quién iba a pensarlo?
Vuelve la esposa (ahora madre),
A dirigir su voz al marido ausente.
XII
¿Por qué lo enamoraste?
¿Cuánto tiempo estuviste tras los pasos del marido ajeno?
Sabes, eres tan veloz en tu táctica de camelar
Que bastan sólo unos segundos para llevarte
A quien deslumbras con tu exotismo.
¡Debes estar sonriente!
¿Quién lo sabe?
Sé que algún día me sorprenderás,
Susurrarás a mi oído y será entonces cuando te veré.
Me dirás tus secretos
Y estaré desnudo de alma, de razón, de espíritu…
…seré quien soy…
…por ahora, déjame seguir mi canción, tu canción.
XIII
Cae la tarde y esta senda tan larga
Conduce al origen, al génesis.
El cenit profundo está plagado de zamuros,
Aves que cuentan con tu misma belleza obscura.
Montañas inmóviles llevan en sus hombros
Restos de desechos humanos,
Y tú, enmudeces una vez más,
Brincando de un lado al otro del sendero.
¿Qué pretendes esta noche?
¿Tu valet será en el gran salón?
¿Quién es tu invitado de honor?
¡No me atisbes de esa forma!
Ya sabes quien soy: uno tan vulnerable como cualquier incauto.
XIV
Ya Apolo prepara su catre.
Está cansado de verte haciendo y deshaciendo.
Conoce tu belleza y nunca ha caído ante tu soberbia.
Él, también presume,
Confiado que si partiera, tú, reinarías por siempre jamás.
XV
¡Ay Amada, tu sonrisa aborrezco
Y aún así te llevo clavada en mi testa,
En mis manos, en mis huellas!
¿Cómo te despido?
¿Cómo te aparto?
Seguirás detrás de mi silueta,
Seduciendo mis ojos y al fin convenciéndome.
¡Eres bienvenida!
Por ahora, déjame continuar cantando tus locuras,
Descubriendo tu ignota apariencia,
Tu misteriosa alegría.
XVI
¿Crees en Jesús, en el Mesías?
También lo camelaste y Él rompió tu luz,
Sonrió ante tu cariz.
Según los libros, fue el único quien te abandonó
Para volver con su verdadera Amada: Magdalena.
Resuenas tus campanitas
Y tu silencio habla o se distingue en ese tintinear.
Y aquel, el Único, te entendió y asumió su partida,
Pues sabía que se asía de la voluntad de regresar con su esposa.
¿Lo puedes recordar?
¿O tu historia es otra?
No me lo digas, guarda tu secreto para el final.
Nos sentaremos en el balcón que no poseo
Y allí platicaremos.
Me hablarás del Mesías, comentaré de mis amores;
Pedirás agua, quizás café y yo te brindaré un poco de vino,
Será el último y tal vez me acostumbre a ti…
…en este momento, sólo déjame cantarte, Amada.
XVII
¿Cuál es tu hora preferida?
¿Quizás a las cuatro menos diez de la mañana
Cuando aún no palpas el beso a Apolo?
¿O es esa una de las tantas horas en la que llegas?
¿Por qué no saliste de la ciudad?
¿Cómo es que puedes apoderarte de cada espacio?
Allí vas de nuevo, sin remordimientos, ni sofocos,
Justa y precisa…certera y más hermosa que nunca.
XVIII
Un plañidero coro desafinado de gritos y llantos
Son los encargados de loar tu entrada triunfal.
¡Ganaste una vez más!
¿Lo haces por tu ego?
¿O es para mantenerte joven?
En las ruas de mi pueblo dejas más de un embelesado.
Unos son llevados al son de Aguilar,
Otros con el patético acordeón caleño
Y todos compartiendo un destino común.
¡Qué despreciable te tornas!
Sin saber yo que tu mirada estará en este momento
Acariciando mi cuero curtido.
¡Alabanzas disfrazadas de maldiciones!
No saben ellos que cada reproche
Es un halago a tus manos, a tus mamas, a tu mirada,
Y a cada grito tu luz se hace más intensa.
Ya no te escondas, hoy envolverás a otro incauto
Y lo pasearás por tu vientre sin retorno.
A mí, peuma damisela,
Déjame hincar mis dedos en mi hembra,
Mis labios en mis retoños y mi canto en ti.
XIX
Decidiste cambiar todos los planes.
La visita laboral la cambiaste por un viaje,
Por una caminata al jardín de los crisantemos
De este pueblo entristecido.
Vuelve la esposa a cantar su desespero:
_¡No era su cita contigo y tú, abusadora,
Cambiaste la dirección a la tarjeta de invitación
Que fue entregada en las manos del marido!_
¿Por qué lo haces?
Otra vez dejas a una mujer sin su amor, sin su mitad.
Allí vas, reiterando tu carcajada,
Con tu estirpe de modelo, con tus labios carmesí.
Desplazas tus caderas anunciando con tu aroma a nardos,
Que tu beldad está por vislumbrar a otros.
XX
En la lejanía penumbrosa escucho el redoble de las campanas
Y mi corazón dispara en este silencio
Un alarido de miedo y dolor.
Yo estuve allí, justo cuando se despedía el esposo,
Vestido de casaca y anunciando su irrenunciable partida.
El susurro del viento sureño se acopla y armoniza
Al ritmo de las campanas sanjuaneras,
Indicando que el vagón del marido escogido por ti,
Longeva madame, ya está por partir.
¿Por qué no esperaste?
¿Quién es tu mentor?
A las dos menos un cuarto volverás a elevar tu campanear
Diseminándose en el hondón de esta tierra,
Y te iras con el nuevo pasajero:
El esposo, el hijo, el nieto, el hombre, el amor de esa mujer.
12-07-2007
2 comentarios:
Qué poema tan hermoso!!!
En él se expresa un lenguaje especial y esa especialidad no la posee cualquiera. Milagros Hernández.
No me canso de leerlo... es tan real y tan mágico a la vez... tan profundo. Muy bello este poema.
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