Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 25 de octubre de 2010

Sofía

¿Cómo entré en tu papiro?
¿Convertido en tinta
o en leche,
en cerámica
o en pluma?

Dentro del asfalto yacen miles de historias,
pero parte de la mía
posa en tus manos.

Anidadas las codornices
en la mesa tendida en blanco,
ya no trinan.

Ni las torcazas
ni siquiera las negras alas del arigüelo
desfilan lúcidas.

¿Aristócratas?

Aun,
fallecidas las coronas y los pétalos,
sigue mi manes y mis costillas en tu lápida.

¿Cuántas socorridas has dado a mis muertes reincidentes?

Ya no en mineral,
ya no en vegetal,
ni en cerdo,
ni en serpiente
Ahora iniciaré mi ciclo como un perro,
cercano y amarillo,
entregado y sensitivo,
Ya el resto de virtudes y debilidades
Caninas las llevo en mi cuero.

¿Cómo fui a tu papiro a hacerme Biblia,
Corán
o ley?

Lee mis poros,
Mis vellos púbicos,
Mis uñas y lunares,
Allí está mi profecia.

Busca en las líneas de este iris gastado
o bien,
en las grietas de mi frente africana
y ya,
sin interpretar
ni intérpretes,
entre este papiro a la Sofía está la verdad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sencillamente hermoso...

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos