Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

Buscar este blog

viernes, 5 de noviembre de 2010

Causa y transformación

Besar los besos que me dio la envidia
sin camelar el polvo y la salpicadura del hollín
arribado esta mañana,
sería tanto como entregarse al Mar Muerto.

Hasta allí llegó Jesús,
pudo haber sido Pablo y el Imperio Romano,
pero no,
fue ese cristo,
el capricho de un Dios
quien quiso mandar a probar a la Parca,
pues todos pregonan la beldad de sus senos,
el embriagador y agrio calostro que mana de ella,
damisela y madame.

Causa y transformación.

¿Dónde quedó el sermón de la montaña?
Seguro que en la montaña.

¡Vamos a la montaña!

¡Volvamos a ella!

¡A su garganta verdusca!

Cantemos himnos no a dios,
mejor a los de abajo

¡A los silentes!

Besaré otros besos,
como el de Judas y el del Maestro,
como el de Gaitán
o el de Simón,
el de Magdalena
o el de Manuela
y conjugaré mi entender
y mi convicción.

No hay comentarios:

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos