Al saltar desde la peña
encontré desdentadas mis alas limbóticas
y para encontrarte
sólo debí asistir a tu enero,
el de la luna y tu amazonía.
Sin sal quedó este largo sueño
que recién comienza.
Donde arrebaté mis drogadas sangres,
desaté mis demonios de pulque y migas
y allí, nuevamente te encontré.
Ya no eras tú,
eras yo.
Si algún baboso suspiro
se entreteje por las grietas de mi piel
y es la luna que me sacude las pulgas que aún recuerdo,
es que por fin he regresado y de nuevo serás yo
para verme en tus poros,
en tus uñas
o en tu ombligo.
Para regresar sólo me falta una cosa:
descubrir el camino.
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