Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Soplo


Descubro que tengo tu edad.

Me convierto en humo
azul y albo,
en ceniza y lumbre,
invirtiendo los relojes dalicianos
y las ánforas de mil y una noche.

En mi testa de guache
en su negación de cancerbero
ya renacieron dagas de nácar
y se han caído quizás sus hebras
como caen las almas
al otro lado del mundo,
en este lado de la dimensión
pretendida
o como caen las balas en el desierto
o las mentiras en los medios,
quizás como nunca,
tal vez como siempre.

Miré y encontré una sonrisa
y entonces
descubrí que tenía tu edad.




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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos