Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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sábado, 3 de abril de 2010

Segundo acto

Inmóvil resuella sin luz,

Retuerce la nuca y fija el grito

Para descubrir entre la pesadez

Un golpe que al fin llama su atención.


Ahora falta más que al principio,

Ya no hay diálogos

Y en los cementerios de la ciudad perdida

Sólo pululan vientos desconocidos

Que simulan frescura

Que saben de tretas,

Mentiras,

Rejas.


Regresa tus manos y quédate,

Sin mañanas o sin ayeres,

Para que las palabras te escupan

Y no olvides que esta obra

Aún espera por el actor principal.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos