Se presentó desnudo ante ella,
Ella, quien vestía un telúrico traje naranja,
De tul indeciso entre Céfiro y Morfeo.
Mojado y airado,
Sin más que su cuero curtido,
Pendido sin pan,
Sin sal,
Sin romero,
Dedicado a los elementales fugaces
Que le acompañaban esa noche descascarada.
Partió sin despedirse de ella,
Ni de su vestido rojizo o ladrillo,
Apedreado de recuerdos inhóspitos,
No alzó su mano diestra,
Ni aún la siniestra quiso mostrar,
Sólo abandonó su carcasa
Su aliento,
Enojo,
Venas,
Sólo,
Solo.
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