Entró al salón repleto de ojos
E inmutable se sentó a un costado,
Entre palabrerías inciertas reconoció su universo
Y decidió dormir sin que nadie lo notara.
Retiró su sangre de la ofrenda que iniciaba
Y sólo lo distrajo un estornudo,
Una palmada y un asalto.
¡Bienvenidos al salón!
Donde palabras insolentes,
Miradas incongruentes
Y bocas desgraciadas
Se hicieron eternas.
Cumplido el designio estiró su tronco,
Recogió sus vísceras de venado
Y de un brinco abandonó la mesa,
Inmutable, retorcido, incierto,
Como una noche alunada,
Desestrellada y despojada de vergüenza posible.
Tres pasos, exhaló la mentira,
Uno más, tosió el desgano,
Siete más, orinó la ilusión
Para llegar perplejo a una nueva estación…
…la última.
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