Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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sábado, 3 de abril de 2010

Última estación

Entró al salón repleto de ojos

E inmutable se sentó a un costado,

Entre palabrerías inciertas reconoció su universo

Y decidió dormir sin que nadie lo notara.


Retiró su sangre de la ofrenda que iniciaba

Y sólo lo distrajo un estornudo,

Una palmada y un asalto.


¡Bienvenidos al salón!

Donde palabras insolentes,

Miradas incongruentes

Y bocas desgraciadas

Se hicieron eternas.


Cumplido el designio estiró su tronco,

Recogió sus vísceras de venado

Y de un brinco abandonó la mesa,

Inmutable, retorcido, incierto,

Como una noche alunada,

Desestrellada y despojada de vergüenza posible.


Tres pasos, exhaló la mentira,

Uno más, tosió el desgano,

Siete más, orinó la ilusión

Para llegar perplejo a una nueva estación…

…la última.

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Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos