Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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sábado, 3 de abril de 2010

A Pedro

Compases de taurina Cuaresma,

En la que Santos y Demonios

Definen las calles de este pueblo.


Unos sacuden sus hamacas,

Otros entre el humo de inciensos

Rezan de pie

Sin corazón

Y menos al cielo.


¡Recuerdo días infantiles!

Sin iglesia revestida,

Sin curas ni beatas.


¿Cómo llegó la cuaresma?


Pueriles miradas a féminas ancestrales

Quienes no saben aún que vienen de otros cueros,

Otros mundos, tiempos y sangres,

Se distinguen a la postre de la procesión.


¿Otra vez lo crucificaremos?


¿Por qué a Él?


¡Busquemos a Pedro!

Tal vez lo merezca más,

Aún más que Judas…

…le toca a éste.

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Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos