Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 27 de febrero de 2012

Domingo


 ¡Cuántos Elementales cayeron este día!

                El silencio cárnico cubrió las brasas
              de este domingo instantáneo,
            vestido de alisios silbidos
           descogollados secretos
          embriagadas hojas resecas
         esculpidas hormigas
       de avernos celestes.

     Destilados los jugos
    en vidrios detestados,
   sugirió el tiempo una proeza
  sin más que una palmada
 desafió a los astros de cujíes
canes negros,
 como las negras fauces del olvido.

   La Diosa,
    asomó su perfil acuífero,
     su hado de cenicientos augurios
      esputando concreto,
                                        carbón,
                                        sílice
                                        y savia.

¡Cuántos Elementales cayeron este día!

                                    Aún no abren la comarca
                                  sus pétrea razones,
                                espera que el circulo expulse viejas salivas,
                              vencidos temores,
                             incesantes impulsos.

¿En cuál de las estaciones te sembraste?

                La Diosa te llama,
              el lagarto te acecha. 

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos