Se entretejió un conjuro
entre llanura y sofocos,
dictaminado por originarios soles,
indomables plumas
acertados calendarios.
Al final
no había retorno aparente,
sin portales pareció quedar la espiral
sólo los bichos
(mariposas ebrias, lagartos sedientos,
luciérnagas confundidas, etc, etc, etc)
fueron capaces de burlarse
de las espadas intercontinentales.
Se ha quedado en el vértigo de Jah
un aroma de reseda y almizcle,
invitando a todos los semivivos
al baile de los negros
y las negras,
donde se aviva lo santo
y resurge lo belcebubico.
Chaman y Luna,
amargan toda racionalidad,
sin esperar la noche destierran
de sus cueros las dudas...
…tus libélulas de metal y piedra salieron
y te llevaron para una nueva dimensión...
…mis manos.
Estuve fuera pero ya no más...
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