Descender tus abismos de néctar
y nubarrones,
garuas y camposanto,
ararte
y abonar con mis propios dedos:
tus depresiones, terraplenes,
morros y hasta la ciénega
no estuvo previsto en el viaje.
Fui llevado por designios saturnales,
empujes plutónicos,
invitaciones venusianas
provenientes de tus lagunas etéreas,
y desde mis infiernos fementidos.
Tierra, Gea: ¡acá estoy!
Alimentado de tus vellos,
de tus poros abiertos,
de tus pezones pueriles y labios intactos.
¡Acá estoy!
Como un asalto de moscas
o una emboscada de gritos,
salando mis rodillas
y macerando mis jugos
para que el festín comience en vino y carnes,
por tu copa y mi puñal.
Trepar incesantes
madrugadas negras,
es abordar tus mariposas violetas
y nazarenas,
la crucifixión
y el retorno.
¡Acá estoy!
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