Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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miércoles, 29 de febrero de 2012

Tierra


Descender tus abismos de néctar
                                   y nubarrones,
                     garuas y camposanto,
                                                ararte  
y abonar con mis propios dedos:
       tus depresiones, terraplenes,
             morros y hasta la ciénega
      no estuvo previsto en el viaje.

      Fui llevado por designios saturnales,
          empujes plutónicos,
           invitaciones venusianas
          provenientes de tus lagunas etéreas,
      y desde mis infiernos fementidos.

              Tierra, Gea: ¡acá estoy!

          Alimentado de tus vellos,
        de tus poros abiertos,
      de tus pezones pueriles y labios intactos.

                                    ¡Acá estoy!

                         Como un asalto de moscas
                     o una emboscada de gritos,
                salando mis rodillas
            y macerando mis jugos
       para que el festín comience en vino y carnes,
          por tu copa y mi puñal.

           Trepar incesantes
                         madrugadas negras,
       es abordar tus mariposas violetas
     y nazarenas,
   la crucifixión
y el retorno.

                                   ¡Acá estoy! 

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Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos