Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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domingo, 22 de julio de 2012

Al final de julio


El vértigo incesante invade planicies, cueros, azulejos y ni los bichos del pueblo prohibido pudieron librarse. Se enlunaron los días precisos, las calles y sus licántropos se evaporaron al paso de los vientos. Las semillas decidieron volar sobre las piedras del río seco, de tanto andar se abrieron los puentes y aún impedido de piernas y señales, llegué hasta ti, la cantera. Desde entonces el polvo abandonó mis poros y respiré.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos