Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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sábado, 7 de julio de 2012

Códice


Establecidos los huracanes sobre las testas, los chorros de nubes naranjas desataron sus leches y bordearon las galaxias del interior humano. Allí las ideologías se revelaron y no faltaste tú, ni la tuya. Esta Mesopotamia florece con las primeras lágrimas del mayo dulce y hasta los mangos se multiplican. A falta de Cristo, Quetzacoátl abriendo la senda, Oshun protegiendo la sangre… la luna se hizo carne y entre sus piernas quiere surgir en luz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Muy Hermoso poema!

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos