Las hebras
de sol
perforan
las alas,
de quien se
resquiebra
y desciende
hasta las
espinas
sílices del creer.
Se restaura
el cenit de la boca
y el rugir del aliento distante
nos acerca…
creo en ti,
pluma blanca lana y puñal,
bofetada nocturnal
silente caricia;
te veo,
espiral
que se evapora
en las ánforas de mis hojas,
crisis lila
como pájaro que parte.
Profeso tus trapos
fuera de ellos
el frío me acerca,
tus
condenas
de sal
y
sudor
sean el perpetuo
socorro.
Delante de los agujeros
la sombra y al fondo,
siempre al fondo,
la lumbre que se acrisola
y
una brizna
la convierte
en el incendio
de los siglos.
1 comentario:
¡Mas hermoso aun que el anterior!
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