Tras los horizontes montes salpicados de
noches agredidas; incendios sofocados dejaron el rastro del que murió. La
serpiente de luz que recorre el techado, recuerdo y aliento arranca de las
paredes, viejo lar matriarcal que retorna. Hay un padre que está muriendo de
sed y mandolinas, anudado bordón y agujas, mudo grillo de la noche, en naranjos
y chatarras.
La saliva espesa quebradas piel la historia. Hay un padre que nace, recién envejecido de calva y calvario. Pasa la cuesta, ya adentro, siéntate. Hay un padre que muere en su cuero, mientras tanto, sigue hurgando, te doy licencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario