Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 5 de julio de 2012

Naranjos


Tras los horizontes montes salpicados de noches agredidas; incendios sofocados dejaron el rastro del que murió. La serpiente de luz que recorre el techado, recuerdo y aliento arranca de las paredes, viejo lar matriarcal que retorna. Hay un padre que está muriendo de sed y mandolinas, anudado bordón y agujas, mudo grillo de la noche, en naranjos y chatarras.

La saliva espesa quebradas piel la historia. Hay un padre que nace, recién envejecido de calva y calvario. Pasa la cuesta, ya adentro, siéntate. Hay un padre que muere en su cuero, mientras tanto, sigue hurgando, te doy licencia.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos