Ya llegó el pasajero que faltaba,
cargaba entre sus dedos bolsas albas y repletas,
y en su rostro un desdibujado camino
al compás del día que se mostraba.
Sus rodillas roídas de tela y mugre,
y en sus uñas una prístina inquietud reflejaba su edad.
Veinte pudieron ser o un poco más de alboradas
y madrugadas despechadas
estaban plasmadas en sus coyunturas.
En yunta sus pupilas
reflejaban el sueño que perdió a primeras horas
y al parecer había retornado,
empero también en yunta sus labios
se asían de su auricular para con voz airada exclamar:
¡no te escucho!
¿Quién quiere oír sí un frío amanecer
monopoliza huesos, cuero y sentidos?
Empujó la intranquilidad en llantas tibias
que mordían el pavimento ensaviado de otras vidas
y sin mirar a lado alguno,
decidió aceptar que pertenece ya a otra dimensión.
Mientras tanto,
¿Dónde estas tú?
Sé que volviste desnuda
y con una culpa sexual sobre tú santuario,
a ver sí está Cuaresma mía o esta Semana Santa ajena,
redime entre el mirto florido y el araguaney presumido,
tú suerte de Magdalena entristecida.
2 comentarios:
cada uno de tus poemas llevan consigo la esencia de tu existir y la naturaleza ineludible de tu pensar que plasman en cada una de sus letras una verdad mitologica de la realidad.
felicidades.....
DMBO
Cuarto Acto me inspira una ternura inmensa. Que lindo poema! tan hermoso que me provoca el llanto pero no un llanto de dolor sino de belleza, de profundidad.
Milagros Hernández.
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