¡Hombre!
Cubierto de gracia y egos,
tantos por partes iguales.
Escupiste tus pasos
con sustantivos
sin sustentos.
Cuatrocientas cuarenta veces
pudo vibrar en un segundo
y laurearte,
más, el desprecio por tus pares
te dejó en el limbo.
Sin redención posible
y aun así,
escondiendo tus llagas
con las pelusas de otros ojos.
¡Hombre!
¿Consideras justa tu vara?
Blasfemias suscribiste
en pergaminos de oídos públicos,
fuete a la espalda de tus condiscípulos.
¡Hombre¡
Pobre
Pobre
pobre.
Ahora te juzgan.
¿Quién?
¡Nadie se permite
caer en tu mismo
espasmo!
¿Quién juzga?
¡Hombre!
pobre.
Eres tu sentencia
y
hoz.
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