En el desdoblamiento del tiempo
todos fuimos al principio
o
al final.
Pubis y senos,
falos y manzanas
se confundieron en Adán
y
Eva.
Si el reloj del hospital
Y el del camposanto
tienen
siete
minutos
de diferencia entre sí
¿cuál es el verdadero
hilo
del tiempo?
Sacúdanse las líneas
ante los ojos de las gacelas
o
de los cuervos
para que la vida se despliegue
por estas ciudadelas perdidas
o
la muerte haga lo suyo.
Vine, aquí estoy.
Sí.
Para no dormir más.
Que se abran las comarcas,
se estire la transversalidad
del verbo.
Ya vine, ¡aquí estoy!
Es el proverbio no visto
sí oído
no buscado.
Ahí estaban siempre dos,
siempre par
siempre.
En el retorno de las escrituras,
entre sombras
y
zarzas rendidas brotará.
Aquí estoy.
Ya
es
tiempo
de
mirar.
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