Apenas una hilacha entraba
entre las heridas del negro ventanal,
el portal que no llevaba a ninguna parte
y aun así,
tenía un sol.
Valentina y Elena
de rodillas rogaban milagros
y un amor lésbico condensado
enverbó al silencio:
¿te fuiste, esperanza?
Ni romanos saben
de vergüenza homosexual,
el cielo no admite la moral bifurcada.
Ahora,
que se desverben los templos pétreos,
pedófilos ministros de algún dios,
sabrán ellos cuál.
Valentina y Elena
sin milagros
se conocen.
Y la lumbre chispeante
tiende el nuevo mantel,
servido.
Uñas y uñas,
Venus y Venus,
cabellos y vellos
ríen y gimen,
no señalan al mundo,
solo ríen…
ríen…
ríen.
ANSÍE...
-
Ansíe ver nuevamente tu sonrisa,
inundando tu faz
dejando a un lado tu antifaz,
de pena solapada
y desgano sin prisa.
Ansíe
como mariguanero angustiado
ro...
Hace 13 años
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