Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Fábula?

Apenas una hilacha entraba
entre las heridas del negro ventanal,
el portal que no llevaba a ninguna parte
y aun así,
tenía un sol.

Valentina y Elena
de rodillas rogaban milagros
y un amor lésbico condensado
enverbó al silencio:
¿te fuiste, esperanza?

Ni romanos saben
de vergüenza homosexual,
el cielo no admite la moral bifurcada.

Ahora,
que se desverben los templos pétreos,
pedófilos ministros de algún dios,
sabrán ellos cuál.

Valentina y Elena
sin milagros
se conocen.

Y la lumbre chispeante
tiende el nuevo mantel,
servido.

Uñas y uñas,
Venus y Venus,
cabellos y vellos
ríen y gimen,
no señalan al mundo,
solo ríen…
ríen…
ríen.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos