¿Campanas en la noche de inocentes?
Carcajadas nuevas
se discurren por antiguas causas.
Lívidos rincones silencian
cualquier escabullida.
¿Las once?
Tira tu cuero y tu ramal
que la tos ahogada
de perro abandonado
ha vuelto.
¡Ave María!
Mi noviembre
Y
tu febrero
Este
mayo de cruz
de palo.
Este agosto
tan angosto para cruzar.
Notas independientes
llenan las noches,
acompañadas del relojero
y el tembleco piso que se estira
y vuelve a dar son a las manecillas.
¡Ay de mi noche de inocentes!
Tan callada que su grito
es como el zumbido
que solo llega al estar mudo de piel
y sabana.
Cuando cicatrice
tu amarre prístino,
arderá tu piel
es el pago de este viaje que comienzas.
Voy a dejarte,
ya es tu momento.
¿Cuántos cueros has dejado?
Ni mierdas ni flores,
pues el punto último,
da igual sea cual fuera su condición inicial.
No hay luz posible
dentro de la misma luz.
Aquí están las cosas.
Después del aire dale
un poco de caldo.
¡Ven!
Siéntate aquí.
Sólo un rato.
Estas despeinada,
Noche.
Respira…
o
¡no!
No lo hagas.
O bien,
haz tu voluntad de pájaro.
Deja tu lengua caer en la vasija
llena de vino,
lame y despierta,
lame.
¡Ya!
A papá
no le gustan los perros.
Ve suavizando el paso,
la salida está cerca.
1 comentario:
Muy hermoso... Son poemas que mueven el alma....
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