Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Círculo


Cubrió el universo con verbo
y más…

Sana…
            Señor…
                         dame agua.

Solo un sorbo
Para limpiar la boca.

¿Te vas a caer?
No,
así estoy bien.

No te duermas.

Siete cuerpos en la habitación
 ahora tibia.
¿Cuál de ellos vive?

La octogenaria que ora:
sana,     
        Oh Señor,  
                         Sana;
                             Mientras las aceras se disputan
las pestes
                 y las almas.

Inicia en la oscuridad,
solo quien proviene
del fango aprieta la adarga
                                                y la soga.

                  ¿Te sirve?
No importa
                 si la mula camela a la montaña,
no importa,
                 si el pedregal recibe la semilla,
no importa,
                el cenit siempre será
                           el punto
                                    más alto de este
                          primer círculo.   

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Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos