Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 11 de enero de 2010

Agonía

Camino respiro rápido corro,

Luz dañina persígueme desespero

Refúgiome, obscuridad báñame,

Repítese voz mis oídos escuchan:

¡Muerte viva, muerte lléname!

Alma cíngara siente resiente,

¡Muerte clara, muerte llámame!

Camino palpito sudo tiemblo

Negro infierno búscame grito,

Cortejo frío mi espíritu palpa

Acaricia sopla mi alma errante:

¡Muerte plañidera, muerte consígueme!

El alma inquieta sufre clama

¡Muerte joven, muerte altanera!

Camino reniego vida muero

Lejano cielo quiéreme murmuro

¡Escóndeme huerto Getsemaní!

No consígote mano santa vida

Muerte apresurada: ¡muerte heme!

El alma vívete siempre óyete:

Estas dentro de mi alma endrina.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos