Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 18 de enero de 2010

La vi

La calle abrasada al mediodía

y el tintinear de las cerámicas pendidas

danzan al ritmo de este vapor desquiciado,

describen el día que ha fallecido justo al nacer.


Se escurren entre las horas

Gestos enfermos de amor,

Del mismo que insiste que por amar no se paga,

Sólo se paga por matar.


Los dolores de lanzarse

En la copa tinta de la espera,

De desangrarse de luz,

Llorar de placer,

Petrificarse de celos,

Gritar de helar

O simplemente despellejarse,

No es otra cosa que el riesgo de amar.


Días enteros la vi nacer,

Partir sin dilación

Y tardar en su llegada a la cita.


La vi crecer en su lujuria,

Reír entre el jagüey salobre de su rostro

Y supe entonces que me tenía.


El pueblo se hunde…

¡Ay de mi gente!


Mis pies entre tanto,

No conocen de otro camino,

Ni de otros valles, ni montañas,

Sino de las suyas.


El pueblo se hunde…

¡Ay de mi vida!


Tardes completas la tuve entre mis brazos,

La abracé y su fuerza me abrasó;

Consumí su sangre y aspiré su vaho

Y no me pidió nada,

Sólo que la amara.


Sólo eso.

17-01-2010

1:30PM

2 comentarios:

Unknown dijo...

Cuánta intensidad en este poema, tan hermoso como todo lo que sale de tu corazón!!

Beatriz dijo...

Es increible como logras con tus poemas trasladarnos a espacios maravillosos... Es hermoso lo que escribe y trasmites con ellos... Te felicito... Éxito!!

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos