La calle abrasada al mediodía
y el tintinear de las cerámicas pendidas
danzan al ritmo de este vapor desquiciado,
describen el día que ha fallecido justo al nacer.
Se escurren entre las horas
Gestos enfermos de amor,
Del mismo que insiste que por amar no se paga,
Sólo se paga por matar.
Los dolores de lanzarse
En la copa tinta de la espera,
De desangrarse de luz,
Llorar de placer,
Petrificarse de celos,
Gritar de helar
O simplemente despellejarse,
No es otra cosa que el riesgo de amar.
Días enteros la vi nacer,
Partir sin dilación
Y tardar en su llegada a la cita.
La vi crecer en su lujuria,
Reír entre el jagüey salobre de su rostro
Y supe entonces que me tenía.
El pueblo se hunde…
¡Ay de mi gente!
Mis pies entre tanto,
No conocen de otro camino,
Ni de otros valles, ni montañas,
Sino de las suyas.
El pueblo se hunde…
¡Ay de mi vida!
Tardes completas la tuve entre mis brazos,
La abracé y su fuerza me abrasó;
Consumí su sangre y aspiré su vaho
Y no me pidió nada,
Sólo que la amara.
17-01-2010
1:30PM
2 comentarios:
Cuánta intensidad en este poema, tan hermoso como todo lo que sale de tu corazón!!
Es increible como logras con tus poemas trasladarnos a espacios maravillosos... Es hermoso lo que escribe y trasmites con ellos... Te felicito... Éxito!!
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