Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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lunes, 11 de enero de 2010

Desgano

¡Ay cundeamor desolado!
Crece ya y no mires tu dolor,
ya no hay regalos en los bosques
ni agua en la tierra.

Todo se va, como un eco en la ciudad.

Carcajadas y palmadas desandan en el día
para simular que aún existe vida.

¡Ay cundeamor iracundo!
Les diste elixir de vida a los abuelos,
les diste de que hablar a los nigromantes,
pero a mi, sólo la impresión de que estás por morir.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos