Pende de las redes de Cloto,
como un estúpido mirando los rostros ajenos
y en su cuero de niño envejecido
deja descansar su mejor arte: temer.
Faltó mi sangre para que se materializara la obra,
una escena de innumerables capítulos,
llena de nombres,
de sueños,
luces.
Faltó mi sangre y esta confusa parábola
hubiese encontrado oídos y bocas...
¿Viene la Parca?
¡Déjala! Quizás también quiere llorar,
tal vez pretende enamorase,
a lo mejor ir,
llegar
al
fin.
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