Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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martes, 12 de enero de 2010

Avenate

I.

Y caminé con mis brazos yertos

En un sendero infinito

Que señalaba un horizonte,

El de la lobreguez

De los avernos;

Era fuego,

Era fuego y azufre;

No llegué nunca,

Jamás vi algo,

Era fuego,

Era fuego y azufre.

Y caminé con mis piernas yertas

Bajo el agua que descendía

Sin señalar dirección alguna,

Ni la de la claridad

De la tierra;

Aun cuando era inmensa,

Inmensa y tibia

No llego nunca,

Jamás vi algo,

Era inmensa,

Inmensamente tibia.

Y caminé con mis ojos yertos

De frente a un augurio borroso

Que mostraba el futuro:

Sangriento avenate

Del final…

…y caminé burlándome

De este mundo,

Del fuego de los avernos,

Del hedor de la tierra,

Del indescifrable futuro…

…y caminé con mi sangriento avenate

Sin llegar a un final.

II.

Y del cielo brotaban rosas

Hermosos rocíos

De colores exóticos,

Eran lindas rosas

Calladas y misteriosas,

Nostálgicas,

Complejas,

Atentas y apasionadas;

Que murmuraban sin poderlas entender,

Comentaban la eternidad,

Describían lo imposible,

Explicaban el adiós sin poderlas entender.

Y del cielo brotó un pájaro,

Hermoso canto

De colores imparciales,

Era uno entre tantos,

Inquieto y amigable,

Sonriente,

Fugaz,

Locuaz y aguerrido;

Partió sin explicar nada,

No hablo de la eternidad

Ni dio importancia a lo imposible

Ni siquiera se despidió.

Y del cielo brotó la luctuosidad,

Hermosura incógnita,

De colores no sabidos,

Era horrible tristeza,

De alaridos ensordecedores,

Maldita,

Perenne,

Inoportuna y apocada;

Habitó en su silencio,

Era ella de la eternidad,

Era ella de lo imposible,

Explicó la espera sin poderla entender.

III.

Y en la noche de mi camino

Encontré a la luna

Que me observaba,

Que invocaba con su alma

Todas las paciencias

del universo.

Me envolvió en su claridad,

La admiré en su pedestal;

Pensaba en su soledad, su sabiduría;

Por su serenidad,

Mostraba segura

Su pasión

Por su locura.

Y en el camino hacia la madrugada

Me encontré con el cielo,

Estaba él saciado,

Magnífico, el que quitó el aliento

Todo lo veía,

Todo lo escuchaba.

Descubría su rostro,

Lo idolatré en su altar,

Amaba su compañía,

Su confianza,

Todo majestuoso…

…cerca de la aurora

Se instaló una parálisis…

…hasta que apareció él.

Y en el camino del horizonte

Se presentó junto al cielo,

Gualdo, feliz y radiante,

Rey de estrellas;

Todo florecía a su paso,

Todo lo iluminó…

…y en un vuelo encontré maravillas,

La belleza en la noche de mi camino;

Camino a la madrugada

El rostro que se descubrió

Y comprobé el poder

En el camino del horizonte…

…las locuras se duplicaron

El peumo letargo fue minúsculo.


IV.

Y en la saya de la naturaleza

Estuvieron los fríos cristales

Diáfanos,

Incesantes,

Incapaces de hablar;

Sólo se oía el tropel

Discreto y audaz,

Tranquilizador

Que emanaba de sus cuerpos,

Volando, quizás, hacia el abismo

O a la tibia tierra ahora helada,

Que, en fin, es el mismo fango.

Y en el seno de la tierra

Descasaban los gélidos cuerpos

Ciegos,

Inauditos,

Temerosos de caminar;

Sólo se escuchaban sus llantos

Fatigados y angustiados,

Insonoros,

Que despedían sus corazones;

Viviendo, quizás, frente a lo opresión

O en la seudo libertad del mundo

Que, en fin, es la misma muerte.

Y en el cáncer de un alma

Quería reinar un consuelo

Paciente,

Lírico,

Seguro al llegar;

Sólo se olía su frescura

Ignota y eterna,

Determinante,

Que se aferra a ese consuelo

Cuando las almas agotadas

O simplemente envejecidas

Lo reciben con paz y al fin en sosiego.

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Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos