Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Cuero y ramal


¿Campanas en la noche de inocentes?

Carcajadas nuevas
se discurren por antiguas causas.

Lívidos rincones silencian
cualquier escabullida.

           ¿Las once?

Tira tu cuero y tu ramal
                    que la tos ahogada
             de perro abandonado  
       ha vuelto.

¡Ave María!

Mi noviembre
         Y
            tu febrero
Este
       mayo de cruz
             de palo.
Este agosto
         tan angosto para cruzar.  

Notas independientes
llenan las noches,
                                acompañadas del relojero
                   y el tembleco piso que se estira
                y vuelve a dar son a las manecillas.

¡Ay de mi noche de inocentes!
Tan callada que su grito
es como el zumbido
                    que solo llega al estar mudo de piel
            y sabana.

Cuando cicatrice
                tu amarre prístino,
         arderá tu piel
es el pago de este viaje que comienzas.

Voy a dejarte,
                     ya es tu momento.

¿Cuántos cueros has dejado?

Ni mierdas ni flores,
                             pues el punto último,
da igual sea cual fuera su condición inicial.

No hay luz posible
                            dentro de la misma luz.

              Aquí están las cosas.

Después del aire dale
                                  un poco de caldo.

¡Ven!
         Siéntate aquí.
                         Sólo un rato.

Estas despeinada,
           Noche.

Respira…
o
¡no!
No lo hagas.

O bien,
          haz tu voluntad de pájaro.

Deja tu lengua caer en la vasija
                                  llena de vino,
                            lame y despierta,
                                      lame.

¡Ya!
A papá
        no le gustan los perros.

Ve suavizando el paso,
                     la salida está cerca.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy hermoso... Son poemas que mueven el alma....

Argonautas y Cristos Paganos; Magdalenas y Judas embarcados en este viaje

Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos