¡Ah mal haya un aguacero!
Para limpiar las migajas
abandonadas por los espíritus
huérfanos
y perfumados;
desganados y ausentes
por las cuestas solemnes de este barrio.
¡Ah mal haya un aguacero!
Para devolver frescor a lo inerte,
merece una mirada de compasión.
¡Ah mal haya en fin un sortilegio!
un designio distinto,
no importa si efímero,
para ahondar las copas burlonas
y embriagar a esta tarde infernal.
15/04/2010.
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