He de ofrendar mi testa,
nuca
y
manzana.
Las manchas de mis uñas,
mi columna
y
hasta los talones
son sacrificables,
más no
mis pies.
Destaparía todas las botellas
y
barriles de vino
-si los tuviera-
para regar
la rivera
sin lago
de esta fábula
traída por monte
y
a pistola.
Allí vamos
y
aún no sabemos
si dentro
contando ilusiones
o
estamos fuera
viendo
pasar
nuestra silueta
en otra nave
de sangre
que zarpa.
Extensión…
una sola extensión fundida
de brazos
y poros,
narices y pestañas,
tus pasos son tuyos
y
mis pies mi principio.
Que se abran
todos los caminos,
los ahora
y los antes,
los después
y para siempre.
Ya no estamos atados
ni en cielo
ni en tierra,
el grito ha rasgado la historia.
Ya es hora,
ahora sí,
inicia la travesía,
la tuya y la mía
Hermana.
Hermano.
17-01-2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario