Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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jueves, 27 de enero de 2011

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                  ¡Sortilegio!
Hundí mi machete en tu pecho,
El mismo que hundí en la tierra,
El que ha tajaleado la cepa y el maíz
Y allí quedaste yerta y mirándome
Con las pupilas a sus anchas
Y en tus manos sudadas y de pie
El jagüey salobre desbordado.

                   ¡Designio!
Una y otra vez desgajé tu cuerpo
Y peor aún, tu alma hallé y desgracié
-Ahora sé dónde queda el alma-
Fue tu exclamación y suspiro
Para morir al lado de tu cíngaro cristo,
Tal magdalena redimida y al fin muerta.

                    ¡Sentencia!
Sin juez ni defensor
Ni cuestionarios ni palabras valieron,
Sólo condena y ejecútese
Y así fui verdugo y dios.

Hundí mi machete en ti
Y se te fue la vida y la luz
Los labios y hasta el aliento perecieron;
Sólo algo sobrevivió a este fragor
A este averno y hoz
A este odio y dolo.

¿Dónde lo guardaste
que no llegué a matarlo también?

                    ¡Enigma!

Traigo el cuento que no sé leer
Para arrullar tu muerte sin olvido
Sin flux ni monedas
Sin bota ni aguardiente,
Y a cambio, me llevo todo
El machete, la tierra y la flor
La vida y tus ojos
A mi negrura
Eterna
Risueña
Esclava
Artera.

05-06-2010

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos