¡Sortilegio!
Hundí mi machete en tu pecho,
El mismo que hundí en la tierra,
El que ha tajaleado la cepa y el maíz
Y allí quedaste yerta y mirándome
Con las pupilas a sus anchas
Y en tus manos sudadas y de pie
El jagüey salobre desbordado.
¡Designio!
Una y otra vez desgajé tu cuerpo
Y peor aún, tu alma hallé y desgracié
-Ahora sé dónde queda el alma-
Fue tu exclamación y suspiro
Para morir al lado de tu cíngaro cristo,
Tal magdalena redimida y al fin muerta.
¡Sentencia!
Sin juez ni defensor
Ni cuestionarios ni palabras valieron,
Sólo condena y ejecútese
Y así fui verdugo y dios.
Hundí mi machete en ti
Y se te fue la vida y la luz
Los labios y hasta el aliento perecieron;
Sólo algo sobrevivió a este fragor
A este averno y hoz
A este odio y dolo.
¿Dónde lo guardaste
que no llegué a matarlo también?
¡Enigma!
Traigo el cuento que no sé leer
Para arrullar tu muerte sin olvido
Sin flux ni monedas
Sin bota ni aguardiente,
Y a cambio, me llevo todo
El machete, la tierra y la flor
La vida y tus ojos
A mi negrura
Eterna
Risueña
Esclava
Artera.
05-06-2010
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