Las beatas de mi pueblo,
todas señoras con y sin edad,
serias de domingo, corpiño y velo,
con pasados similares olvidados a brevedad.
¿Qué hay de cierto en la fe
de quien en la casa de Dios
alza sus manos y clama sin voz
un cielo sin purgatorio le de?
No hay críticas para el pueblo,
el sincretismo ha dado luces
en su seno mestizo están las cruces
derrotadas y en el camino el iniciado vuelo.
Las beatas de mi pueblo
llevan calaveras en las manos,
los domingos son albos decanos,
el resto de la semana nacen del suelo.
Beatas mujeres o nigromantes,
se pasean vestidas y aún desnudas,
son perversas y santas sin dudas,
también madres y quizás bellas amantes.
Allí van las beatas,
a la misa y a sus casas,
con buenas miradas escasas
velas, tabacos y alpargatas.
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