Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi alma transpira angustia

Y mis manos agonizan lúgubres;

Clama la mirada ardiente en el rencor

Llorando la calma alguna vez en vida

Y ahora boga en el limbo

Burlándose de mi inextinta fiebre asesina...

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martes, 4 de enero de 2011

B…

Las beatas de mi pueblo,
todas señoras con y sin edad,
serias de domingo, corpiño y velo,
con pasados similares olvidados a brevedad.

¿Qué hay de cierto en la fe
de quien en la casa de Dios
alza sus manos y clama sin voz
un cielo sin purgatorio le de?

No hay críticas para el pueblo,
el sincretismo ha dado luces
en su seno mestizo están las cruces
derrotadas y en el camino el iniciado vuelo.

Las beatas de mi pueblo
llevan calaveras en las manos,
los domingos son albos decanos,
el resto de la semana nacen del suelo.

Beatas mujeres o nigromantes,
se pasean vestidas y aún desnudas,
son perversas y santas sin dudas,
también madres y quizás bellas amantes.

Allí van las beatas,
a la misa y a sus casas,
con buenas miradas escasas
velas, tabacos y alpargatas.

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Salmo

De sangre sus lágrimas y su lengua;

Y sus ojos: flamígeros como el cielo

Trastornado que habló en Sodoma.

Mi cuerpo se pudre de desquicia

Y mi pecho purulento de lombrices

Gime plañidero retorciéndose en el fango,

Desdibujando la luz,

Blanqueando toda sonrisa que cíñese de mis labios

Que vomitan negros timbres iracundos.

Musadictos