Desdoblado en pájaros nocturnos
revierto la madrugada encuerada
sobre los hombros de la pacha,
vientre y sepulcro.
Retorno a mi antiguo
pellejo
envenenado de alquitrán y caña,
cementerios y rayuelas,
claves y fugas,
silencios y percusiones
evocando potestades
invocando la porción que me falta.
Los ruidos distantes.
El templo olvidado
y la garra ovípara
largan la cola
y el cabresto sostenido en otros planos,
los de allá abren la entrada,
los de abajo, sentencian su
veredicto,
los de en medio,
cogen tu mano
–o la mía-
para escribir en las rayas
huellas
y uñas,
el secreto.